A Nash le dieron el Nobel por una razón equivocada
Entiendo poco de economía, así que no sé si el tal algoritmo del movimiento de John Nash en realidad sirve de algo. Cierto, que las mejoras matemáticas en el mundo de la macroeconomía poco tienen que ver con la vida de un ciudadano de a pie que a veces pide auto prestado. Además, lo único que sé del tal matemático es que la cosa tampoco es tan así como en la peli de Ron Howard. Así pues, lo que me parece un desarrollo académico sublime, digno de laureles más altos incluso que los suecos, es esa práctica amoral, casi salvaje y sin embargo tan eficiente como aquella de escribir en las ventanas. De verdad que el tipo era un genio. Incomprendido, claro, al menos por mi mujer, quien sigue sin ver las ventajas en que yo sea capaz de explotar mi talento creativo a vistas de los demás vecinos. ¿Será que no aprecia ni mis poemas ni mis mapas mentales, o será mi costumbre de ser académico y creativo, generalmente, en pelotas? Y claro eso a vistas de la vecina de enfrente... bueno, yo no sé qué tal vaya. El punto es que ahora vivo con un plumón de pizarrón constantemente en el bolsillo, y a él le rindo más lealtad que al propio celular. Eso, por mucho, supera a las mamertérrimas grabadoras de bolsillo que usaban los escritores que me precedieron. El problema consiste en tener un arrebato inspirador en el autobus, y luego , en casa, querer tomar nota del apunte y tener que pasar la noche con un par de binoculares pendiente de la ruta en la que quedó constancia de la visita de la musa. En fin, todo acto artístico tiene sus obstáculos, y abnegado como soy, estoy dispuesto a afrontarlos.

